martes, 27 de marzo de 2012
Las preocupaciones nos hacen enfermar
Preocuparse es tan común, que parece que fuera natural. Pero las preocupaciones acarrean muchos problemas de salud y además son inútiles para solucionar cualquier cosa que necesitemos resolver.
Cuando nos preocupamos por cualquier cuestión, lo hacemos con la finalidad de querer resolverla o evitarla para que no se presente en nuestra vida.
Sin embargo, cuando hacemos esto, estamos dejando el tiempo suspendido.
Nos alejamos del presente, que es el único lugar que existe para actuar.
O mejor dicho, colmamos nuestro presente con energías inútiles que no nos ayudan a actuar.
La acción de preocuparse significa: desasosegar, intranquilizar, ansiar, inquietar, alarmar, recelar, angustiar, obsesionar, afligir, ofuscar, desvelar, impacientar.
Si nos invadimos de estas energías, nos alejamos del presente donde se encuentran las situaciones que pretendemos resolver y estas quedan sin atender. Por ende, solo podemos dar vueltas y vueltas en una actitud fútil y desgastante, que además afecta nuestro cuerpo físico.
La acción contraria a preocuparse es: ocuparse, responsabilizarse, cuidar, fomentar, interesarse, prevenir.
Y esto sí que nos ayuda a resolver o a evitar aquellas cuestiones de las que estamos preocupados.
Cuando hacemos esto, no solo resolvemos o evitamos lo que estamos temiendo, sino que además nos embarga una agradable sensación de empoderamiento, que lejos de desgastarnos, nos hace sentir vitales y saludables.
A la sabia naturaleza no le quedan bien nuestras preocupaciones y le encanta que nos ocupemos de nuestros asuntos.
Nuestro cuerpo se resiente fuertemente cuando tenemos el habito de preocuparnos y muchas veces no somos consientes de lo que esto significa para nuestro organismo.
Cuando nos preocupamos comenzamos a tensar muchos órganos de nuestro cuerpo, provocamos muchos inconvenientes en su funcionamiento que luego de un tiempo comienzan a manifestarse de distintas formas.
La tensión acumulada en cuero cabelludo hace que nuestro cabello se debilite, se vea seco, sin vida y el poco alimento que le llega por la baja circulación de nutrientes puede crear la no deseada caída del cabello.
La tensión acumulada por lo que no nos gusta ver, nos produce tensión en los músculos y nervios de los ojos disminuyendo la visión.
La tensión acumulada en el cuello y los hombros nos podrán fomentar tortícolis y dolores en los hombros y brazos. La tensión acumulada en los brazos nos creará tendinitis.
La tensión acumulada en el pecho nos traerá dolores de angustia y en su recurrencia puede afectar el normal funcionamiento del corazón.
La tensión acumulada en la espalda nos creará lumbagos y problemas con las vertebras de la columna.
La tensión de los músculos del ano nos creará hemorroides y así, la lista es enorme.
Si nuestro cuerpo se resiente debido a las preocupaciones, es evidente que estas no son bienvenidas, ni necesarias.
Es obvio que las preocupaciones son muy difíciles de manejar en esta vida tan ajetreada, pero podemos prestar más atención para buscar una manera más aliviada de vivir.
La naturaleza nos agradecerá que procuremos vivir con más armonía, más serenidad y más paz interior.
La sensación de preocupación nos entrega un mensaje muy claro respecto a lo que podemos hacer para evitar o solucionar nuestros asuntos.
En realidad solo hay dos salidas a esta cuestión, o hacemos algo o aceptamos las cosas tal como están y no hay más.
Si podemos hacer algo, lo haremos.
Si no queremos hacer algo al respecto también está bien, pero preocuparse está demás.
Las preocupaciones tienen su origen en la fuerte sensación de desconfianza del proceso de la vida.
No hemos aceptado la maravillosa promesa de que no tenemos que preocuparnos, porque todo lo que necesitamos nos será otorgado por nuestro Padre. Cuando aceptemos esto en su totalidad, nos relajaremos y nos sentiremos mucho mejor.
Podremos dar un suspiro de alivio y poner una sonrisa en nuestro rostro y también reír. Para mientras que trabajamos en aceptar esta promesa con toda su increíble verdad, necesitaremos hacer ejercicios de relajación y mucha meditación.
jueves, 22 de marzo de 2012
miércoles, 15 de febrero de 2012
Lo que la boca CALLA el cuerpo GRITA parte I
"Cuando yo necesitaba llorar para limpiar mis emociones y mi mente no me lo permitió, mi nariz siempre tenía a punto un catarro para que las lágrimas quedasen libres.
Cuando necesité escuchar mi voz interior, y las voces de mis prejuicios me ensordaban el corazón, siempre estuvo mi oído alerta y me dolió para procurarme el silencio preciso.
Cuando necesité cambiar de rumbo y tomar otro camino, pero sentí el temor de no ser capaz, siempre me torcí un tobillo, o salió una piedra a mi paso, o la rodilla me inmovilizó un tiempo hasta superar el miedo y encontrar así el mejor momento para seguir avanzando.
Cuando necesitaba expresar lo que me callaba y la mente se asustaba de la libertad de mi expresión y me ordenaba resignarme, tragándome mis palabras, ocurrieron dos cosas: a veces mi garganta se quedaba muda para que yo aprendiera a gritar, y a veces mi estómago vomitó lo tragado para que yo aprendiera a nutrirme mejor.
Cuando necesité mirar sólo hacia delante y perdonar el pasado, y algo en mí se resistía con rencor, siempre mi cuello se quedó rígido y dolorido, hasta que poco a poco me enseñó a ser flexible como los juncos, y mirar a todos los lados con amor.
Porque cuando necesité nacer, hubo un hermoso cuerpo que se brindó para servirme de guía y de compañero en ésta aventura de vivir."
“Lo que el corazón me dijo”. Magdalena Lasala
Cuando necesité escuchar mi voz interior, y las voces de mis prejuicios me ensordaban el corazón, siempre estuvo mi oído alerta y me dolió para procurarme el silencio preciso.
Cuando necesité cambiar de rumbo y tomar otro camino, pero sentí el temor de no ser capaz, siempre me torcí un tobillo, o salió una piedra a mi paso, o la rodilla me inmovilizó un tiempo hasta superar el miedo y encontrar así el mejor momento para seguir avanzando.
Cuando necesitaba expresar lo que me callaba y la mente se asustaba de la libertad de mi expresión y me ordenaba resignarme, tragándome mis palabras, ocurrieron dos cosas: a veces mi garganta se quedaba muda para que yo aprendiera a gritar, y a veces mi estómago vomitó lo tragado para que yo aprendiera a nutrirme mejor.
Cuando necesité mirar sólo hacia delante y perdonar el pasado, y algo en mí se resistía con rencor, siempre mi cuello se quedó rígido y dolorido, hasta que poco a poco me enseñó a ser flexible como los juncos, y mirar a todos los lados con amor.
Porque cuando necesité nacer, hubo un hermoso cuerpo que se brindó para servirme de guía y de compañero en ésta aventura de vivir."
“Lo que el corazón me dijo”. Magdalena Lasala
jueves, 2 de febrero de 2012
Sabiduría para el día a día Parte II
Disfruta del momento presente porque es el futuro en plena creación.
Cuando estés cansado, recuerda los momentos de felicidad y recobrarás la fuerza.
Si observas con calma, verás con mayor claridad las situaciones tal y como son.
El optimismo y la conciencia clara son signos de una vida equilibrada.
La libertad verdadera significa estar más allá de la influencia de la gente y las posesiones.
La sencillez de carácter es el resultado más natural del pensamiento profundo.
La aceptación es el secreto de la satisfacción. La apreciación es el secreto de la felicidad.
Cuanto más desarrollo el hábito de percibir la bondad, más emerge mi propia sensación de bienestar.
Solo puedo dar lo mejor de mí a los demás cuando estoy en contacto con lo mejor de mí.
Haz las cosas con tanto amor de tu corazón que nunca más desearías hacerlas de otro modo.
martes, 24 de enero de 2012
Sabiduría para el día a día Parte I
Los pensamientos son como las semillas: cuando son sólidos y saludables, las palabras y las acciones también lo son.
Los pensamientos ocupan más tiempo y espacio en nuestras vidas que las acciones.
Protégete de los pensamientos inútiles y negativos manteniendo una actitud positiva.
Convierte los buenos pensamientos en el tesoro de tu vida y tendrás prosperidad.
Con el fin de lograr la excelencia, aporto belleza y calidad a cada palabra y acción.
Que la dulzura de mis pensamientos, palabras y acciones sea la más visible de mis virtudes.
La verdad es como el sol: no puede permanecer oculta, siempre acaba saliendo.
Si fomentas el sentido del respeto por ti mismo, la consideración te seguirá como una sombra.
No permitas que la distancia que debes recorrer hoy te impida dar el primer paso.
La autotransformación es el mayor regalo que puedes ofrecer al mundo.
Los pensamientos ocupan más tiempo y espacio en nuestras vidas que las acciones.
Protégete de los pensamientos inútiles y negativos manteniendo una actitud positiva.
Convierte los buenos pensamientos en el tesoro de tu vida y tendrás prosperidad.
Con el fin de lograr la excelencia, aporto belleza y calidad a cada palabra y acción.
Que la dulzura de mis pensamientos, palabras y acciones sea la más visible de mis virtudes.
La verdad es como el sol: no puede permanecer oculta, siempre acaba saliendo.
Si fomentas el sentido del respeto por ti mismo, la consideración te seguirá como una sombra.
No permitas que la distancia que debes recorrer hoy te impida dar el primer paso.
La autotransformación es el mayor regalo que puedes ofrecer al mundo.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Auto- respeto y humildad
El auto-respeto y la humildad se comportan como nuestro escudo de protección espiritual. Nos liberan de las influencias sutiles del ego limitado.
A medida que recorremos la senda del progreso espiritual, es muy importante tomar conciencia de la presencia de la arrogancia sutil.
La arrogancia sutil puede detectarse especialmente en la inhabilidad de aceptar la crítica, ni siquiera si es constructiva. Internamente hay sentimientos de reacción y rechazo. Hay trastorno en la actitud y la visión hacia la persona que ha emitido esos comentarios.
En la consciencia del alma, podemos aceptar la corrección y las señales que otros nos den como un medio para progresar y somos capaces de tolerar y aceptar la crítica. A la vez, no nos dejamos influenciar por la alabanza.
La clave es generar un estado de consciencia en el que nuestros pensamientos estén llenos de auto-respeto. Y en las palabras y las acciones, mantener un estado de humildad. Entonces la arrogancia terminará. Estas dos virtudes son la base para ser una personificación del éxito en cada pensamiento y cada acción.
Absorbiendo estas dos virtudes en nuestra vida podremos ser instrumentos para transmitir una experiencia espiritual a los demás, a través de nuestras palabras, de nuestras acciones, de nuestra manera de interactuar. Si estas dos virtudes están presentes y estables en nuestra vida, podemos entender que estamos desarrollando poder interior y fortaleza espiritual.
A medida que recorremos la senda del progreso espiritual, es muy importante tomar conciencia de la presencia de la arrogancia sutil.
La arrogancia sutil puede detectarse especialmente en la inhabilidad de aceptar la crítica, ni siquiera si es constructiva. Internamente hay sentimientos de reacción y rechazo. Hay trastorno en la actitud y la visión hacia la persona que ha emitido esos comentarios.
En la consciencia del alma, podemos aceptar la corrección y las señales que otros nos den como un medio para progresar y somos capaces de tolerar y aceptar la crítica. A la vez, no nos dejamos influenciar por la alabanza.
La clave es generar un estado de consciencia en el que nuestros pensamientos estén llenos de auto-respeto. Y en las palabras y las acciones, mantener un estado de humildad. Entonces la arrogancia terminará. Estas dos virtudes son la base para ser una personificación del éxito en cada pensamiento y cada acción.
Absorbiendo estas dos virtudes en nuestra vida podremos ser instrumentos para transmitir una experiencia espiritual a los demás, a través de nuestras palabras, de nuestras acciones, de nuestra manera de interactuar. Si estas dos virtudes están presentes y estables en nuestra vida, podemos entender que estamos desarrollando poder interior y fortaleza espiritual.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Determinación en la Transformación
Una de las causas principales, sino la principal, de que nuestra transformación interior se demore y los viejos patrones, causantes de nuestro malestar e intranquilidad, sigan afectándonos en la vida, es la falta de determinación y enfoque.
La mente es fácilmente distraída en muchas direcciones. El conocimiento espiritual nos recuerda que nuestra naturaleza verdadera, como seres espirituales, es elevada y digna, nuestra verdadera esencia es de grandeza y autenticidad. Necesitamos permanecer conectados con nuestras cualidades originales y soltar y distanciarnos de todos los hábitos negativos del ego y la conciencia limitada.
Aún así, incluso con las mejores intenciones y a pesar de que de vez en cuando creamos pensamientos llenos de resolución sobre qué queremos eliminar en el ser y qué queremos integrar en nuestra vida, en términos de virtudes y cualidades, la realidad es que con el paso del tiempo, la fuerza de esos pensamientos se va diluyendo.
Un paso fundamental que va a marcar la diferencia es no permitir que la mente esté ociosa, tanto como podamos. Existe un proverbio que reza "Una mente ociosa es el taller del diablo". El significado está claro, cuando la mente no tiene ninguna meta ni objetivo, las innumerables atracciones de los sentidos se apoderan de ella. Las debilidades y dependencias controlan nuestra conciencia. La puerta de entrada es la mente y, específicamente, los pensamientos.
Así que es esencial crear un programa de actividades para nuestra mente. Leer y estudiar textos que estén llenos de conocimiento espiritual, crear espacios en nuestra agenda diaria para reflexionar sobre los mismos, para comprender las leyes espirituales y su aplicación en nuestra vida práctica. Crear tiempo para experimentar con la meditación, con la concentración y la contemplación. Reflexionar sobre los valores y cualidades que queremos ver más presentes en nuestras vidas y qué tenemos que hacer para integrarlos.
Si nuestra mente está constantemente involucrada en nuestra meta y objetivo de transformación espiritual, experimentaremos que los pensamientos se vuelven más poderosos y concentrados, y la mente más luminosa y liviana. A su vez, esto generará sentimientos internos de satisfacción y plenitud. Sentiremos que nos vamos acercando a nuestra meta. La clave es una mente ocupada que cierra las puertas al desperdicio, la distracción y la negatividad.
La mente es fácilmente distraída en muchas direcciones. El conocimiento espiritual nos recuerda que nuestra naturaleza verdadera, como seres espirituales, es elevada y digna, nuestra verdadera esencia es de grandeza y autenticidad. Necesitamos permanecer conectados con nuestras cualidades originales y soltar y distanciarnos de todos los hábitos negativos del ego y la conciencia limitada.
Aún así, incluso con las mejores intenciones y a pesar de que de vez en cuando creamos pensamientos llenos de resolución sobre qué queremos eliminar en el ser y qué queremos integrar en nuestra vida, en términos de virtudes y cualidades, la realidad es que con el paso del tiempo, la fuerza de esos pensamientos se va diluyendo.
Un paso fundamental que va a marcar la diferencia es no permitir que la mente esté ociosa, tanto como podamos. Existe un proverbio que reza "Una mente ociosa es el taller del diablo". El significado está claro, cuando la mente no tiene ninguna meta ni objetivo, las innumerables atracciones de los sentidos se apoderan de ella. Las debilidades y dependencias controlan nuestra conciencia. La puerta de entrada es la mente y, específicamente, los pensamientos.
Así que es esencial crear un programa de actividades para nuestra mente. Leer y estudiar textos que estén llenos de conocimiento espiritual, crear espacios en nuestra agenda diaria para reflexionar sobre los mismos, para comprender las leyes espirituales y su aplicación en nuestra vida práctica. Crear tiempo para experimentar con la meditación, con la concentración y la contemplación. Reflexionar sobre los valores y cualidades que queremos ver más presentes en nuestras vidas y qué tenemos que hacer para integrarlos.
Si nuestra mente está constantemente involucrada en nuestra meta y objetivo de transformación espiritual, experimentaremos que los pensamientos se vuelven más poderosos y concentrados, y la mente más luminosa y liviana. A su vez, esto generará sentimientos internos de satisfacción y plenitud. Sentiremos que nos vamos acercando a nuestra meta. La clave es una mente ocupada que cierra las puertas al desperdicio, la distracción y la negatividad.
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